Soñar arañas

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agosto 20, 2013 por anagomez

Cuando me desperté la araña seguía allí. Dejé los cuentos de Monterroso germinando sobre la mesilla y me arrastré hasta la cocina. Delante de una rodaja de sandía compartí la mañana del domingo con familias de uno a siete miembros, con pan, azúcar y leche fría sobre manteles de plástico, con periódicos tibios, camisetas amarilleadas y música que entra en todas las casas pero no sale de ninguna ventana.

Después de una noche lunática por fin encontré armonía en mi soledad y pude organizar la verdad encima de una mesa de madera.

El viernes había llegado a la discoteca tarde y había tenido que soportar el ingenio agresivo de Laura. La noche parecía tranquila al otro lado de mi mostrador, así que pude concentrarme en un sudoku killer que jamás conseguiré completar.

 

sudoku

 

Recordaba las madrugadas que había pasado frente a Martín en aquella cajonera. Recordaba momentos en los que había creído que toda aquella locura merecía la pena, pero ese viernes no sabía que pensar. Y de repente se plantó delante de mí. No Martín. Ese David L.

- Hola guapa-, me dijo con una voz suave que me espantó.

Intenté que mi gesto fuese neutro, pero notaba cómo mis pómulos se endurecían en una mueca descontrolada.

- Voy a dejar mi abrigo por aquí-, continuó, acercándose a mi cara con su aliento vulgar.

Apenas pude sostener aquella chaqueta inoportuna, pero el apoderado ya había desaparecido tras las cortinas de la pista.

No conseguí pensar en otra cosa durante el resto de la noche y entonces le volví a ver entre todas las personas que salían con un balanceo solidario a la calle. Se volvió a quedar muy quieto delante de mí con una sonrisa sucia en la boca y la ficha con el número de su abrigo sujeta con fuerza entre los dedos. Lo cogió de mis manos rígidas, se lo puso con calma y rebuscó en los bolsillos sin dejar de enseñarme los dientes.

- Vaya-, dijo acercándose de nuevo-, esperaba encontrar algo dentro.

Y así desapareció de nuevo. Yo no pude dejar de tiritar hasta que el taxi que había pagado con todas las propinas de la noche me dejó en la puerta de casa.

Al parecer, soñar con arañas tiene un significado positivo, pero el sábado amanecí con una sensación dolorosa en el estómago. Llamé a Rita y juntas decidimos que esa noche llevaría la fotografía que había hecho llegar hasta mí, pero el terrible apoderado no volvió a aparecer por el local.

La noche se fue apagando triste y me marché cuando empezaba a amanecer. Fuera me esperaba él. No David L. Martín. Compramos pipas, nos sentamos en un portal y hablamos durante horas. Nos despedimos cuando los perros sacaban a sus dueños a pasear.

Desperté poco después y, efectivamente, la araña todavía estaba allí, pero también estaban el sol y una cafetera italiana.

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2 comentarios »

  1. Patricia López de Tejada dice:

    Estoy cabeza abajo, muy al sur. Pero pude volver a leerte y me reconectó con lo mejor de cuando estoy en el norte, cabeza arriba, creo.

    • anagomez dice:

      Es complicado resolver sudokus cabeza abajo, pero como dices, sólo es cuestión de perspectiva.

      Estas siempre cerca aunque nos leamos al revés. Puede que así encontremos una respuesta redonda…

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