Revelando

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marzo 5, 2013 por anagomez

Salir de un laboratorio de fotografía a mediodía es igual que nacer una tarde de verano. Después de caminar durante 5 minutos en silencio encontramos una terraza junto a la estación de Atocha y nos sentamos al sol y al frío del primer marzo.

- Explícame de qué va tu proyecto-, pregunté después de pedir un par de jarras de cerveza.

- No, porque lo contarás en tu blog-, me respondió Martín con una sonrisa sincera en la cara.

Todavía no sabía si me había perdonado por haber hablado de él sin su permiso, pero desde entonces hemos pasado mucho tiempo juntos y hemos bromeado al respecto. En cierto modo existe un código íntimo según el cual sé qué puedo decir y qué no y después de cada martes su expresión me revela que hasta el momento no lo he incumplido.

- Te prometo que no.

- Vale, pues lo que intento con mis fotografías es contar (…)-. Debo guardar el secreto, pero el código sí me permite explicar qué hacíamos un lunes por a mediodía en una terraza del centro de Madrid.

El domingo por la noche Martín llegó a mi casa con una mochila y me pidió que al día siguiente le acompañase a un lugar.

- ¿Cuál?-, quise saber.

- Es una sorpresa.

Preparamos pimientos asados y pan de ajo y cenamos con mis compañeros. El salón olía a aceite de oliva y todos queríamos aprovechar esas últimas horas de descanso y libertad mientras el edificio entero guardaba silencio, así que hablamos sobre trabajo y casualidades, amistad, recetas y bonsais, pusimos música a las viñetas de Forges, apostamos cuánto tardarán en retirar los nuevos realities gemelos Telecinco y Antena 3, insultamos a dos o tres políticos aterrorizados por sus fantasmas e imaginamos nuestros destinos ideales, Narai, Río de Janeiro, Kerala  y Cádiz. Después los cambiamos varias veces. Discutimos sobre nuestro porvenir en cada uno de ellos y nos despedimos con el sobado “para el futuro que tenemos aquí…”.

Cuando María y Antón se habían metido en sus habitaciones enseñé a Martín los correos que había intercambiado con ese David L. de la fiesta de mi jefe. Estoy decidida a averiguar quién es la autora de las notas que han aparecido entre mis cosas y después de encontrar la última junto a las propinas de esa noche queda clara la relación con el entorno del dueño de la discoteca, así que me puse en contacto con él haciéndome pasar por un tal Alejandro al que había conocido en su casa. Confiaba en que estuviera tan borracho como aparentaba cuando salió de madrugada y su respuesta lo confirmaba.

 

correo corto 2

“Por supuesto que me acuerdo de ti Alejandro. La noche fue provechosa y quedaron claras las bases de la nueva partida. Sin embargo, lamento decirte que tu amistad con El Boxeador no te exime de completar las mismas pruebas que el resto de nuevos jugadores. No te apures, todavía hay tiempo. Recibirás noticias mías. David L. Apoderado”.

 

- Es intrigante-, comentó Martín sin apartar los ojos de la pantalla.

Parecía que había dado con algo importante sin proponérmelo. Él estaba convencido de que debía dejarlo estar, pero también tenía curiosidad por saber qué escondía ese grupo grotesco. Antes de dormirnos llegamos a la conclusión de que no tenía sentido tomar una decisión antes de recibir el siguiente correo.

Ayer nos levantamos pronto y cogimos el metro junto a miles de personas que todavía no habían perdido el calor del edredón. Cuando llegamos a La Casa Encendida el sol pedía café.

 

la-casa-encendida

 

 

 

 

 

 

 

Martín había reservado un laboratorio de fotografía para avanzar en su proyecto. Pasamos varias horas entre películas, cubetas y sombras rojas, nos retratamos a ciegas y nos revelamos en grises y negros. Pude ver algunas imágenes de paisajes urbanos y conocer más a ese Martín sin traje.

Salí del edificio como si hubiese nacido una tarde de verano. Suave y libre.

Un rato después el camarero trajo dos jarras de cerveza y yo recibí un nuevo mail.

 

correo corto

Estimado Alejandro:

Esta es la primera prueba que deberás superar. No garantiza tu participación en el juego pero te obliga a seguir adelante. Piensa bien qué quieres hacer antes de responder porque, insisto, no hay marcha atrás.

Te encuentras frente a una puerta detrás de 17 personas. Para entrar cada una debe responder al portero, que grita su posición:

- ¡Uno!

- Uno-, responde el primero.

- ¡Dos!

- Dos-, responde el segundo.

- ¡Tres!

- Tres-, responde el tercero.

- ¡Cuatro!

- Tres-, responde el cuarto.

“¿Tres?”, piensas, mientras el portero abre la puerta al cuarto jugador.

- ¡Cinco!

- Dos-, responde el quinto.

No comprendes cuál es la lógica de sus respuestas, pero son las acertadas porque la puerta se sigue abriendo ante ellos.

- ¡Seis!

- Dos-, responde el sexto.

Cada vez te acercas más a la puerta.

- ¡Nueve!

- Tres-, responde el noveno.

- ¡Doce!

- Dos-, responde el decimosegundo.

- ¡Trece!

- Tres-, responde el decimotercero.

- ¡Catorce!

- Cuatro-, responde el decimocuarto.

Casi es tu turno y todos los participantes han respondido correctamente al portero.

- ¡Dieciséis!

 - Siete-, responde el decimosexto.

- ¡Diecisiete!

- Ocho-, responde el decimoséptimo.

- ¡Dieciocho!

¿Qué respondes?

 

Nos bebimos la cerveza y Martín se fue a trabajar. Yo caminé hacia casa, con dos fotografías ondulando las hojas de mi libreta, pensando en la solución a ese enigma y planteándome la posibilidad de no resolverlo.

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6 comentarios »

  1. fernan dice:

    ¿Nueve?.. Joer que tensión

  2. anagomez dice:

    Muchas gracias por vuestra ayuda Zaira, Fernan. Llevo varios días pensando en números y puertas y no consigo encontrar la lógica de ese tipo cuadrículado que ha dado la replica a 17 personas misteriosas con las que todavía no sé si quiero compartir habitación.
    ¿Por qué 9 y 19?

  3. jesus maria moreno solanas dice:

    Ana,
    Encuentro poca lógica en estos resultados. La razón del 9, sería que es el siguiente número gritado tras los dos anteriores, 7 y 8, que parece que salen de la suma de los dos números que forman el ordinal (16 = 1+6 = 7) y (17 = 1+7 = 8) por lo que el siguiente, el 18 sería 18 = 1+8 = 9.
    Hay otra forma de llegar a ese número. En los 6 primeros la secuencia de los gritos es 1-2-3-3-2-2. Si la copias en los siguientes 6 puestos,del 7 al 12, sabiendo que el 9 grita 3 y el 12 grita 2, parece que encajan bien. Hasta ahí, OK. Pero a partir del puesto 13 la cosa se descuadra y las respuestas parece que serían o bien la suma de los dos dígitos del anterior, es decir el puesto 13 grita 3, (la suma de 12=1+2=3); el 14 grita 4 (suma de 13=1+3=4); el 15, que no está, si seguimos con esta secuencia gritaría 5, es decir la suma de 1+4, o bien lo único que mantienen es el último número del ordinal: 12=2; 13= 3; 14= 4 y 15=5. A partir de aquí, nuevamente no sé por qué, al resultado se le va a sumar un 1 y así tenemos que el 16 que debería gritar 6,(suma de 1+5 o por 16=6), sin embargo grita 7, es decir (1+5)+1=7. El siguiente grita 8 ((1+6)+1=8) y el 18, siguiendo esta lógica debería ser 9 ((1+7)+1=9). Parece que el 9 sale o se justifica por dos o tres razones.
    Es demasiado fácil y evidente, justo lo que no desean los que hacen este tipo de juegos de lógica, pero no le encuentro otra razón.
    El 19 es el que me despista un poco ya que no tiene nada que ver con las secuencias.
    De todas formnas Ana, cuidado con dónde te metes, pues esto parece una secta, un comunidad secreta que se dedican a prácticas raras, lo que ellos llaman “partidas”. No me da ninguna confianza ese David L. y además el tipo del boxeo, aunque pueda ser el capo, no me cae nada bien. Cuidado con ellos.

    • anagomez dice:

      Jesús eres genial. No puedo decir más.
      Me encantaría conocer tu razonamiento, porque estoy segura de que tienes al menos uno.
      Además, agradezco muchísimo tus consejos. Yo también sospecho de estos personajes y lo que manejan y cambio de opinión 17 veces al día. En este momento creo que debo seguir adelante. Ayer después de la clase de literatura compartida me volví a meter en el cubo de perchas que parece más estrecho cada semana. Entré en el local con la certeza de que mi jefe sabía lo que tramaba, pero su actitud fue perfectamente común, si se puede cargar al diccionario con el comportamiento de este personaje. Por eso, ahora estoy convencida de que dar la clave al tal David L. será la única manera de resolver una trama que ya me ha absorvido.

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