¿Nada ha cambiado?

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octubre 15, 2013 por anagomez

El viernes recogí el correo cuando llegué de la oficina y subí las escaleras detrás de una vecina cargada con un perro peludo *. En la cocina el otoño jugaba con los colores, guardé la compra, abrí la ventana para compartir la suavidad del fin de semana y puse música.

 

 

María había salido a buscar calor abandonado en las terrazas de Malasaña y Antón llevaba varios días sin pasar por casa. Sus mensajes eran rompecabezas escritos con prisa. Rita había cogido varios días de vacaciones y se había marchado a Asturias con Sergio, ascendido de amigoamanteenemigoydenuevoamigo a amanteenemigoydenuevoamante. Y Salva también llevaba varios días desaparecido entre hojas de cálculo, certificados, cédulas y otros papelajos grises.
Lavé los pimientos, la berenjena y la cebolla y los metí en el horno caliente con aceite de oliva. Mientras se doraban puse dos copas de vino sobre la mesa y llené una, me abrigué con una chaqueta vieja y busqué en los bolsillos momentos de vidas pasadas. Un billete de metro, una piedra y una lista para comprar queso tierno y manzanas. Aquello había sido en mayo, en el cumpleaños de Martín. Ahora estaba esperándole de nuevo.
Era extraño recordar todo lo que había sucedido como si lo hubiese visto en una película empezada, aquella tarde tumbados sobre un banco, abrigados con una chaqueta vieja.
Parecía que nada hubiera cambiado, la misma justicia asustada frente a los todopoderosos, el mismo Gallardón riéndose de las mujeres que no tienen miedo y un renovado Miguel Ángel Rodríguez con su superpoder para sentenciar a los demás mientras espera su propio juicio. Los mismos desahucios, más dramas ignorados, repagos, imputaciones, sindicalistas chantajistas.
Tampoco había cambiado casi nada en aquel mundo de sombras y arañas. Todavía hacía frío cuando había llamado a esa puerta con el número 35, que jamás había dado respuestas a mis preguntas.
Martín llamó al telefonillo y dejé la puerta abierta para que entrase mientras le quitaba la piel a las verduras y untaba los panes de pita con queso cremoso.
Tampoco había cambiado la impresión que dejaba su voz en todas las habitaciones de la casa.
Me ayudó a cubrir la masa con la escalibada y aceitunas negras y se sentó delante de mí con una copa en la mano. Hablamos durante horas mientras Martín jugaba distraído con la publicidad de los restaurantes chinos de la zona y entonces me fijé en aquellos papeles. Entre los colores chillones y las letras resbaladas había un sobre que ya conocía.

 

Foto

 

Es posible que todo haya cambiado de repente.

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4 comentarios »

  1. Anónimo dice:

    todos los perros son peludos

  2. Othelo dice:

    Querida Ana. No soy capaz de adivinar la imagen que aparece debajo del texto. Sin embargo no me gusta la imagen de ese tío. Podría ser un invitado a la boda de la hija de Aznar.

    • anagomez dice:

      A Martín le va a encantar tu comentario, Othelo… Quizá es el empujón que necesita para quitarse ese traje déspota que le humilla.

      Pero al margen de esa apariencia forzada, me obsesiona el regreso de una fotografía que hace daño a mi cocina. Una fotografía perversa que ha parado el tiempo en un instante compartido por Martín y Alma.

      Es el momento de que destapemos nuestro juego…

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