Los buenos, los malos y los demás

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julio 9, 2013 por anagomez

 

La tercera noche apenas aguantó un par de horas frente a aquel edificio huérfano. Se caló el sombrero y se enredó con las sombras lejanas de la ciudad. En su despacho le esperaba una botella de bourbon dentro de una bolsa de papel cómplice.Dejó el abrigo sobre una silla coja y sacó el sobre de su bolsillo. Los letreros luminosos de otras vidas le permitían ahorrar la luz de aquel cuchitril en el que llevaba demasiado tiempo atrapado. Miró de nuevo aquel trozo de papel sobado y pensó en el misterio con el que se había dejado relacionar. Nadie que conociese sabía qué contenía ni a quién iba dirigido, pero la verdadera incógnita-, pensó-, es si me convierte en parte de los buenos, parte de los malos o parte de los otros.Después de unos minutos se durmió con los pies sobre la mesa. Lo que soñó no es más importante que lo que no cenó, al menos para este relato.Por la mañana el sol esperó en la escalera de incendios a que despertase. Cuando abrió los ojos se asomó a la ventana y percibió la podredumbre habitual entre los pies rápidos de los comunes. La corrupción y el vicio se habían hecho con los despachos y el poder se ejercía desde celdas preventivas.

 

De nuevo calculó la influencia que aquella carta tenía sobre su independencia, se lavó la cara y volvió a un puesto de vigilancia descorazonador. El inquilino de aquel piso había resultado ser un secundario muy obstinado. Tenía que guiarle hasta la persona que debía recibir el recado secreto, pero durante tres noches se había negado a abandonar el edificio.Un coche de policía pasó por delante del banco en el que leía el periódico. Sus ocupantes le miraron con recelo durante varios segundos, pero después del primero ya había tomado su decisión.Cogió el periódico y caminó hasta encontrar una cafetería silenciosa. Recorrió el local y se sentó frente a una mesa digna de compartir secretos valiosos. Tenía tanta hambre como dinero para pedir huevos y café negro. Esperó a que llegase la comida con el cuchillo en la mano y en cuanto la camarera se dio la vuelta rasgó el sobre.De nuevo en el despacho el café se volvía cada vez más amargo. No lloraba por mí-, recordó que decía su viejo amigo Marlowe-. Era tiempo de que derramara algunas lágrimas, simplemente, Martín.

 

 

Marlowe despacho

 

Semana negra de Gijón, 5 a 14 de julio de 2013…

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1 comentario »

  1. Rosa dice:

    Muy buena entrega Ana Gómez.

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