La única respuesta

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enero 22, 2013 por anagomez

Rita y yo nos despedimos cuando la mañana ya había congelado el cemento azul de las calles, después de hablar durante horas de esa nueva nota. Resultaba evidente que estaba escrita por una mujer segura de que aquel iba a ser su último día, la misma que había escrito la que encontré el 1 de enero confundida con las páginas de mi libro. Con un té y una tostada de queso provolone y mermelada de aceitunas verdes delante decidimos que no pretendía amenazarme, sino alertarme. Pero, ¿de qué? Era necesario averiguar de quién había sido esa gabardina y yo creía conocer la respuesta.  Pagué con la mitad de mis propinas de la noche y dejé descansar a mi amiga.

Pasé unos días como en esas películas en las que se resume un año entero de sol, nieve y tristeza en una sola canción. Distraída con enigmas irreales, testigo de una actualidad podrida, cronista, ajena a mi propia urgencia de monedas de todos los tamaños para llegar a final de mes, paseante, amiga de teclado y abreviaturas. Y el jueves empecé a buscar respuestas.

Dejé la gabardina en una percha a la vista de todos los que entraban en la discoteca, pero nadie la reclamó. Laura, la encargada del local tampoco quiso contestar a mis preguntas sobre la prenda o sobre la chica que ocupaba mi puesto. Cada vez que intentaba hablar con ella encontraba algo mejor que hacer y con alguien mejor, sin duda.

Me fui a casa desanimada y el viernes le hablé a Rita de mis nulos avances. Fuimos juntas a la calle Génova a buscar identidad, a compartir la indignación de muchos, de casi todos, por esos nuevos manejos tan viejos como el fabricante de la gomina de los caudillos del PP. Por ese esquiador Luis Bárcenas, habitual en las pistas de Suiza, amigo del omnipresente Francisco Correa, que comparte bigote con un tal bigotes, que no merece la mayúscula de mi máquina, pero al que ese apretado Francisco Camps quiere un huevo.

Trabajé durante todo el fin de semana en silencio, tocada, no hundida, por quienes pretenden que seamos nosotros los que debilitamos al país mientras se tapan la nariz para no oler el dinero descompuesto que pasa por delante de su despacho presidencial.

Y el domingo por fin conseguí algo. En la calle la oscuridad intensificaba el sonido del tráfico y mi compañera María y yo veíamos concursos en la televisión cuando sonó mi móvil.

 

Wasap 1

 

Era él, siempre con su abrigo y su sonrisa frente a mi guardarropa. No supe qué hacer, qué escribir, mientras él me hablaba de su trabajo en un despacho cercano a la discoteca, multinacional, eminente y ruin. Y de mí, en aquel cuchitril, tan fuera de lugar con mi libro, como si me hubiese conocido siempre.

Y sólo pude enfadarme con esa encargada bocazas que iba repartiendo mis datos, mientras me evitaba.

Ayer volvió a escribirme, el chico del traje sin su traje.

 

Wasap 2

 

Y entonces me di cuenta, él puede darme algunas de las respuestas que estoy buscando. Martín.

Ha sonado el timbre del teléfono de nuevo.

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3 comentarios »

  1. Rosa dice:

    No pierde emoción, al revés va en aumento el suspense,la emoción,el relato en si

  2. Rosa dice:

    Otra amiga, Araceli también se enganchó pero dice que le falta el principio.

  3. anagomez dice:

    Gracias Rosa, ha sido un comienzo de año poco común para una persona del todo común como yo…

    Araceli, mi amigo Antón me está ayudando a solucionar ese problema. Por ahora puedes ver las entradas ordenadas en el apartado “Todas las entradas” de la barra derecha.

    Quizá así me puedas ayudar a entender lo que está pasando.

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