La tormenta

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mayo 14, 2013 por anagomez

En invierno la tormenta anima a hacer confesiones ligeras

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Aquella tarde me cerraron la puerta número 35 con una prudencia definitiva, pero cuando bajaba en el ascensor garabateé mi número de teléfono y lo metí en el buzón que Alma seguía compartiendo con aquel Diego escéptico junto a una súplica desesperada. Alma… leí el nombre escrito con una letra que no era la suya. Cada vez tenía la impresión de saber menos de ella. También anoté los dos nombres completos y salí a la calle.

Parecía que habían pasado más de dos semanas desde que había pisado la alfombra de aquel pasillo incompleto.

Terminaron las fiestas en Malasaña y poco a poco recuperamos todos nuestras vidas transversales. Salva pidió cita para hacer la declaración de la renta, María ordenó los apuntes encima de la mesa y guardó la guitarra en el armario y Rita me visitó en la discoteca.

 

En otoño las tormentas acolchan las aceras con hojas tristes

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- ¡Es de color naranja!-, comentó mi amiga con la boca torcida, mirando con descaro a ese jefe concentrado en las relaciones públicas de chupito.

No era la primera vez que venía a verme con su amigoamanteenemigoydenuevoamigo, pero cada noche se quedaba fascinada con alguna de sus evidentes cualidades.

- Creo que lo único que puedo hacer ahora es ir al garaje y averiguar qué pasó allí-. Llevaba varios días dándole vueltas a esa posibilidad y seguía sin gustarme, pero parecía que todo empezaba y acababa entre esas paredes ennegrecidas.

Así que el domingo Rita y yo volvimos a hundirnos en esa ciudad subterránea en busca de respuestas. Le pedí que me esperase en el ascensor y me dirigí a la garita con la sensación de ahogo aprendida durante los últimos meses y con una acreditación de periodista que guardaba como un valioso recuerdo de un tiempo menos perturbador.

 

La tormenta de verano invita a compartir un bocadillo de pan viejo en un patio mediterráneo

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En la cabina había tres tipos. Uno de ellos se colocó frente al cristal para atenderme y me recordó a mí misma horas antes detrás de un mostrador remoto. Sus compañeros siguieron charlando.

- Hola, buenos días-, dije con una voz que estallaba en el suelo de cemento-. ¿Podría hacerles unas preguntas?

Les enseñé la tarjeta preocupada por ocultar mi nombre e interpreté su silencio forzado como una invitación.

- Me gustaría saber si alguno de ustedes estaba aquí el 3 de abril del año pasado.

Detrás de aquel cristal los tres rostros se volvieron grisáceos. Pasaron unos segundos antes de que uno de ellos negase con la cabeza de forma contundente. Tampoco quisieron darme el nombre del encargado del aparcamiento ni la referencia de alguno de los empleados antiguos. Aquella no había sido una buena idea. Me despedí de forma atropellada y anduve hacia el ascensor con las piernas vacilantes.

 

Las tormentas en pleno mayo pueden ser liberadoras o amenazantes

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No me sentí segura hasta que volví a notar el sol en las palmas de las manos. Entonces le conté a Rita lo sucedido y le expliqué que cuando me había dado la vuelta uno de ellos había comentado que su turno terminaba dos horas después.

- Se lo decía a los otros dos, pero se dirigía a mí-, expliqué confusa.

Acompañé a mi amiga a comer algo, yo era incapaz de tragar, y después la convencí de que era mejor que fuese sola a esa cita.

Caminé de vuelta a la salida de aquel submundo artificial y esperé junto a unos setos hasta que vi salir del ascensor al más joven de los tres empleados, mirando hacia los dos lados. Cuando me localizó se acercó dando grandes zancadas y me agarró del brazo. Quise huir, pero me apretaba con fuerza.

- No sabes en lo que te estás metiendo-, me dijo con la boca pegada a mi oreja-, déjalo estar si no quieres tener problemas muy serios.

Y se marchó tan rápido como había llegado, arrancándome la protección del sol.

 

La tormenta me ha rodeado. Desde mi habitación oigo a María pasar páginas frente a su mesa. Todavía puedo notar un movimiento desafiante en las cortinas del piso de enfrente y sigo abriendo puertas que contienen abismos.

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3 comentarios »

  1. abaraz dice:

    guaaaau me encanta, me encanta, me encanta.

  2. ROSA dice:

    me encanta como siempre, me atrapa la trama pero , aunque no pasase nada , seguiría enganchada a tu manera de narrar.

  3. [...] bolsas amontonadas con la basura de una alcaldesa satisfecha con su ignorancia y hojas húmedas, igual que aquel día. Igual que Martín y [...]

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