La realidad prestada

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abril 16, 2013 por anagomez

El sol se empaña otro día y una noche más sigo analizando una verdad ajena. Después de ver a ese personaje desubicado en el portal de Alma volví a casa caminando, mareada. Hay demasiadas dudas y el calor empieza a desdibujarlas en mesas de terraza rodeadas de amigos ruidosos.

Puede que sea el momento de dejar que la anterior encargada del guardarropa recupere su letra, que mi jefe se reconcilie con los garajes, que David L. cierre su puerta secreta y que Martín conozca a la persona que yo era antes de leer esa nota violenta hace casi cuatro meses. Una persona indecisa, consumidora ocasional de telebasura y despeinada casi a cualquier hora del día. Quizá deba regresar a mis cartas de presentación, a mis cursos de formación online y a mis periódicos digitales, al té por las noches, el reloj de pulsera y los email reenviados.

Es el momento de liberarme de un equipaje prestado y de recuperar una realidad corrompida por quien recuerda con sadismo a los nazis, por una Mengana (no quiero faltar a la elegancia utilizando el femenino del amigo Fulano) encantada cuando se ve en televisión atacando, reatacando, quiero decir, a las personas que se han quedado sin lo más elemental. Pero es verdad, Dolores, guapa, “si algún día tenemos algo grave que lamentar, habrá que mirar a los responsables de provocar violencia”, y tú sólo tendrás que verte de nuevo en esa pantalla que tanto te quiere.

Por suerte, tu amiga, no, perdón, sólo compañera Soraya Saenz ha animado a hacer preguntas y plantear quejas en la Moncloa y el Congreso, aunque esas alternativas ya las utilizamos y las habéis evitado con golpes, humillación y quiebros vergonzosos.

Sois unas cobardes, como el moderadísimo Gallardón, que reconquista a una iglesia codiciosa despreciando la salud y la libertad de las mujeres en el foro de La Razón, sede de la soberanía PPopular.

Sin embargo, es posible que añore esa aventura que me fascina, que me había convertido en espectadora y protagonista. No sé si podré evitar el portal de Alma, si conseguiré trabajar junto a ese tipo del que sé cosas que no querría saber, si seré capaz de olvidar que éste podría ser mi último año.

Pero en un país de folclóricas desmayadas a las puertas del juzgado, de paseos en barca con amistades peligrosas, de  alcaldes xenófobos, machistas y violentos, no creo que me aburra.

El sol se empaña de nuevo, pero por suerte cada día Amanece, que no es poco.

 

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2 comentarios »

  1. Lucía dice:

    Impresionante, decirte que lo he leído tres veces seguidas,no por despiste, por entusiasmo. Que gusto leer tanta realidad de forma tan adictiva.

    • anagomez dice:

      Parece que las mesas de las terrazas tienen un extraño poder de atracción, pero en realidad el poder es de los amigos con los que las compartes, los que están lejos, las que piden Manhattans, los ciclistas, los que quieren escucharte, las que prefieren almendras, los que comparten un cigarro, las pelirrojas…

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