La puerta con el número 35

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mayo 7, 2013 por anagomez

- Pero ella me dijo que esta era su dirección-, contesté tratando de parecer sincera.

- Sí, antes lo era-, comentó con la mirada abandonada en la pared a mi espalda. Había olvidado que estábamos allí, pero yo no iba a deshacer aquel pasillo confidencial sin algo a lo que agarrarme.

- ¿Sabes dónde la puedo encontrar?

Él volvió a enfocarme y se quedó pensativo un momento.

- Antes venía más por aquí-, dijo cambiando el peso de la pierna derecha al bastón-, ahora sólo una vez al año.

El miércoles celebré el Día Internacional del Trabajador, por la noche, en mi habitual garita precaria y eventual. Desde allí podía ver a ese jefe con su cara brillante, charlando despreocupadamente con las pocas personas que entraban en el local. Parecía haber olvidado por completo su cita con Alma. De momento no iba a descubrir nada más de él y notaba la mirada de esa encargada fiera cada vez que salía de la sala, así que volví a concentrarme en los  cuentos de Chéjov, deseando volver a mi edredón para sentir toda aquella nieve alrededor.

Y de pronto Martín apareció con su sonrisa y su abrigo delante del ropero. No lo esperaba hasta el domingo y no lo esperaba con una margarita para guardar entre las letras de mi libro. Se quedó toda la noche conmigo, hablando de su viaje y regalándose con cada palabra. Al día siguiente preparamos una tortilla con queso tierno y cebolleta y nos fuimos a celebrar su cumpleaños al sol del Parque del Oeste. Le expliqué que había ido a la casa en la que había visto entrar a Alma y quiso saber más.

Frente a aquella puerta con el número 35 pensé que no podía ser casual que aquella chica misteriosa se encontrase con mi jefe en un garaje y visitase ese piso el mismo día.

- ¿Y sabes si va a venir pronto?-, pregunté. No quería que notase la ansiedad en mi garganta, pero necesitaba una explicación.

- Estuvo aquí hace algo más de un mes-, dijo, bajando la mirada hacia el bastón.

En aquel momento creí que era necesario hacer una apuesta arriesgada.

- ¿Te puedo preguntar por qué vino entonces?

De pronto me miró como si hasta ese momento no me hubiese visto realmente.

- ¿Quién eres tú?-, quiso saber agarrando el canto de la puerta.

A veces yo también me hago esa pregunta. Busco respuestas en edificios equivocados y espero argumentos apoyada en un mostrador triste y húmedo. La realidad se amontona, los empresarios déspotas, la misma justicia para los siervos y sus Excelentísimas Majestades, un ministro que no distingue entre la libertad de las mujeres y la pistola de los asesinos, el predicador Miguel Ángel Rodríguez, que no se me olvide ninguna letra, ex consejero de uno al que no le voy a dedicar ni una sola, salvo que todos los niños se hayan ido ya a la cama, mamao por las calles de Madrid. Las privatizaciones, los desahucios, las Aguirres haciendo su jugadita por la derecha, los impuestos de los chuches, esa Beatriz Talegón que lo vale todo.

No queda más remedio que preguntarnos qué pintamos en medio de todo esto y si volveremos a encontrarnos el 15 de mayo.

 

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- Soy Ana-, contesté tímidamente-. Necesito encontrar a Alma para que me explique por qué me está dejando notas.

Pensé que Diego, suponía que era él, merecía un poco de mi verdad.

- Pues yo no te puedo ayudar-, comentó entrando en el piso-. No sé dónde vive y ha cambiado de teléfono.

Puse la mano en la puerta para intentar evitar que cerrase definitivamente esa posibilidad.

- No intentes encontrar a Alma-, dijo sin detenerse-. Es ella la que te busca a ti.

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2 comentarios »

  1. cellophane flowers dice:

    Qué mal rollo de piva por dios! Ana, estás segura de que quieres seguirla el juego? a mi me da miedito, sobretodo sabiendo que tu orangeboss está en el ajo…en fin, decidas lo que decidas, te seguiré desde la ventana de enfrente!
    mua

  2. jesus maria moreno solanas dice:

    Ana, sabes que no soy objetivo pues me considero incondicional, pero me encanta la combinación de los tres planos que cuentas en cada entrega: el de la trama, el de lo afectivo y el político, por supuesto mezclando realidad y ficción. Por cualquiera de estas tres, por sí mismas, ya merecería la pena seguirte, pero al juntarlas, has conseguido, al menos para mí que se trate casi de un vicio y una obligación semanal. Cuento ya los minutos que faltan para la siguiente entrega…

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