Juegos de azar

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julio 16, 2013 por anagomez

Jugué a los detectives y perdí. Pasé tres noches delante del portal del tal Diego esperando que me llevase hasta la persona que debía recibir ese sobre que empezaba a pesarme, pero no se movió de su madriguera alfombrada. No fue necesario. Todo quedó claro frente a un café que no merecía azúcar.

La semana se resignó y yo huí del cemento el domingo temprano. El tren me llevó a la costa, a las tardes sencillas, pero no pude librarme de lo que había descubierto en ese papel prohibido.

El salitre pegado a los tercios de cerveza rellenó los vacíos, la tristeza, pero la pasada noche trajo silencio. Hacia las cuatro me senté delante del ordenador y escribí: “Entregado”.

En el momento en que envié el mensaje a David L. desde la cuenta de correo del falso Alejandro el sueño me recuperó. La luz de un cielo despreocupado con olor a tostadas me abrió los ojos, caminé descalza por la playa y respiré fuerte. Comí mejillones con salsa picante y participé en uno de esos momentos que sólo se comparten con la familia alrededor de una mesa con platos vacíos y copas llenas, como la caída del muro de Berlín, el quinto Tour de Indurain o el último capítulo de Cristal.

Un momento protagonizado por ese Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, para desgracia de la mayoría absoluta, un tipo que cuida a sus buenos amigos de Pontevedra, ABC y Soto del Real, que vende propaganda al mejor postor y censura a los medios con intereses encontrados, que nos cree igual de ignorantes, embusteros y miserables. No lo somos. El tiempo de las excusas escritas en un papel ya pasó, ahora es el de la auténtica soberanía popular, la indignada y la educada. No nos intentéis cargar con vuestros complejos.

Un momento vergonzoso que nos unió en la indignación y que sólo el absurdo más elegante puede relatar sin decepcionar.

 

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Pero a pesar de la realidad y de las olas no puedo ignorar esa fotografía con la que he cargado durante tres noches sin saber, esa imagen que muestra la sonrisa imposible de Martín, una sonrisa que devuelve la misteriosa Alma con sus tacones, una imagen que me obligó a huir en el primer tren de cualquier espacio compartido con esa intimidad inimaginable y traidora. Sonrisas que encierran un instante de la vida de ambos o puede que toda su existencia.

Ha llegado el momento de dar la cara en esta partida de tramposos, porque después de varios días a oscuras he llegado a la conclusión de que sólo hay una persona que conozca a la que puede interesar el contenido de ese sobre. Yo.

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4 comentarios »

  1. Rosa dice:

    Muy bueno, como siempre Ana

  2. Rosa dice:

    Me lo llevo

  3. Jesús María Moreno Solanas dice:

    ¡¡¡Esta es mi Ana!!! He leído de corrido los tres últimos capítulos y sigo encantado siguiendote: La imagen y el tema del sobre, es materia profunda de sicoanálisis. El homenaje a Marlow, me puso la carne de gallina. Y este final, con la decisión de asumir por fin tu papel, genial. Y como siempre suscribo cada una de tus líneas sobre la situación general. Como supones, he vuelto y vengo con toda la artillería a punto, a tu disposición, para reventar a los malos. Duro con ellos y sobre todo, no pares… de escribir.

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