Esta noche no

0

marzo 12, 2013 por anagomez

El momento antes de empezar a cocinar es perfecto. Los cuchillos limpios son como esta hoja casi noble que me permite dar forma a lo que desordena mi cabeza. La casa está vacía y puedo fumar en la ventana sin tener que escuchar los suspiros deliberados de Antón. Abro una botella de vino y lleno una copa despacio, regañándome por recordar que hace más de un mes que no escribo una carta de presentación para algún puesto remotamente relacionado con mi carrera. Esta noche no.

Me he duchado y he probado tres sonrisas delante del espejo, me he guiñado los dos ojos y he practicado la mueca de Sid Vicious, he cambiado de lado la raya de mi pelo y después la he devuelto a su lugar de origen.

En el salón son las 8 de la tarde, pero en la cocina ya son las 9 de la noche, así que enciendo un par de luces y saco una corteza de torta del Casar de la nevera. María ha pasado el fin de semana en Cáceres con sus amigos de la Universidad de Salamanca y ha vuelto con un queso cremoso y varios recuerdos casi reales.

Mientras pongo una olla con agua al fuego no puedo evitar pensar en la puerta que permanece cerrada para mí. Hasta que no sepa qué me pide ese matón para pasar al otro lado, no tendré que decidir qué quiero hacer y por el momento sólo he descubierto que la respuesta de cada jugador es un número que coincide con la posición de una vocal en la palabra que le grita el gorila. Pero esta noche no quiero darle más vueltas al asunto.

El agua ya hierve, así que echo los fetuccini en el interior de la olla y meto el resto de la torta en el horno. Pongo unas velas en la mesa y echo más vino. Hace calor en la cocina y huele a ropa limpia. Las noches premeditadas deben fracasar.

Todavía no ha empezado El Intermedio. Hago un movimiento aprendido para ir al salón y encender la televisión, pero recuerdo que hoy no. Hoy los protagonistas no pueden ser los lobos de siempre con pieles inocentes que ya no tapan nada. Los cagones de la banda de los Cospedal, especializados en robo con divagación, los  purpurados (no se puede ser más glam) y sus intrigas infanticidas, los que celebran que las mujeres todavía necesitamos un día en el calendario tomando vinos con maltratadores y los toreros borrachos, más preocupados por sus luceritos y sus yerababuenas que por las personas que tienen la desgracia de cruzarse en su camino.

Por eso escurro los fetuccini y los vierto inmediatamente en la corteza del queso, tostada y brillante, y los remuevo con un chorrito de aceite de oliva, lleno la copa de vino por tercera vez y me siento sola a la mesa. Esta es mi noche, así que enciendo las velas y busco las clases magistrales de los señoritos de ciudad entre las páginas de Los santos inocentes, mientras enrollo la pasta en el tenedor, despacio, arañando el queso, fabricando un sabor desconocido con las manos.

 

Santos Inocentes

 

Y de pronto me viene una idea siniestra a la mente. Son las reglas de la gramática y nada se puede hacer contra las reglas de la gramática. Las vocales tónicas abren la puerta.

Share


0 comentarios »

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>