En el jardín secreto

2

agosto 6, 2013 por anagomez

jardines-calle-segovia (1)

 

- Pues aquí me tienes-, comenté sin mirar a Martín a los ojos. Cuando le había visto acercarse había tenido que apoyar las manos en la piedra caliente para recuperar la realidad.

- ¿Qué tal estás?-, preguntó sentándose en el banco. No cometió la torpeza de abrazarme y dejó espacio para quedar uno frente al otro-. Parece que hace un siglo que no nos vemos-, comentó breve.

- Hace más de dos meses-, respondí con los ojos fijos en nuestros pies fronterizos. Entonces me di cuenta de que no le había conocido en verano, con ropa fina y la piel tostada.

- ¿Cómo va todo?-, insistió.

- Supongo que ya lo has leído-, contesté afilada.

- Prefiero que me lo cuentes tú.

- Pues va…-, las letras me habían dejado sola en aquel Jardín del Príncipe de Anglona-. No lo sé. Estoy triste y enfadada…-, no había tenido tiempo de poner nombre a todo lo que había dejado que pasara-,  y perdida.

- Ya.

- ¿Me lo vas a explicar?-. Le miré a los ojos con el sol en mi contra y noté cada órgano debajo de las costillas.

- ¿Por dónde empiezo?-, quiso saber.

- Por el principio, por favor.

Se acomodó y rascó la piedra que nos separaba con el dedo pulgar.

- La madrugada del 1 de enero no te buscaba a ti en la discoteca,- hizo una pausa y me miró a los ojos como un actor que necesita la aprobación de la primera fila de butacas-, buscaba a Alma-. Le costaba encontrar la manera de decir aquello-. No la conocía, sólo había hablado un par de veces con ella y me había parecido una chica triste.

Entre los rasgos que había repasado una y otra vez en su cara, algo me resultó ajeno de pronto.

- Después desapareció sin más-, continuó- y llegaste tú a ese antro. Desde entonces sólo te busco a ti-. Tuve que encogerme para conseguir que el aire de aquella mañana llegará a los pulmones.

- ¿Qué es lo que no me estás contando?-, las preguntas se amontonaban desordenadas-,  ¿por qué la buscabas?-. Empecé a sentirme incómoda en el papel de inquisidora.

- Porque la última noche que la vi pasó algo extraño-, explicó-. Yo estaba cerca del ropero y vi a tu jefe agarrarla por el brazo y decirle algo-. Miró las ramas como si le ayudasen a recordar aquella noche-. Estaba muy cabreado y le hablaba muy cerca. Quise hacer algo, pero ella no parecía asustada-, aclaró-. Se soltó de un tirón y le contestó con una sonrisa muy siniestra en la boca.

- ¿Te contó qué había pasado?-, pregunté con urgencia.

- No, sólo me dijo “cosas de trabajo” y se metió en el baño. Cuando salió tenía los ojos muy rojos. No la volví a ver-. Terminó su relato, regresando a nuestro banco de verano.

Me cogió la mano con ternura y entendí la advertencia que me había hecho sobre ese jefe violento cuando todavía nos estábamos reconociendo y su insistencia para que olvidase el asunto.

- No he dejado de preocuparme por ti-, comentó como si le hubiese transmitido mis reflexiones a través de la yema de los dedos. Y entonces me aparté de nuevo.

- ¿Y la foto?-. Las dudas nos rodearon de nuevo.

- Hace un mes y medio me la encontré-. Mi expresión le obligó a justificarse-. Yo no lo planeé.

- ¿Qué quería?

- Me preguntó por ti-. Martín volvió a detener el tiempo y a las personas que nos rodeaban-. Quise saber por qué te había mandado aquellas notas-, explicó con prisa-, le pedí que me dijese qué pasaba en la discoteca, con el boxeador y sólo me dio largas. Pero cuando le pregunté por la página esa, Do ut des, te juro que no sabía de qué le hablaba.

Las sombras se deslizaban silenciosas hacia mis pies.

- ¿Por qué no me lo contaste?-. Aquella parecía la pregunta que más le costaba responder.

- No lo sé-, habló con el cuerpo más que con la garganta-, te había pedido tantas veces que lo dejases y tenía tan claro que no lo ibas a hacer-. Quería decir mucho más, pero no sabía cómo.

Encendí un cigarro y se lo di. Necesitaba saber mucho más, pero yo también quería contarle que había recibido un nuevo mensaje.

Share


2 comentarios »

  1. Jesús María Moreno Solanas dice:

    Eres tremenda Ana. Sabes que hay un volcán a punto de entrar en erupción y nos dejas, tras el primer temblor… Me da la sensación que Martin calla más de lo que cuenta, pero le veo algo vulnerable, por la vía sentimental… Aprovéchate y ataca por ahí.

  2. Rosa dice:

    Querida Ana, los hombres y las mujeres creemos antes que sabemos y creemos lo que deseamos creer.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>