En el circo

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junio 11, 2013 por anagomez

La pista central se iluminó de pronto. Estaba vacía y descolorida. En la carpa sólo se escuchaban mis pisadas. Caminé hacia un asiento de plástico rojo, sin preocuparme por las personas que me rodeaban. No sentía frío ni calor, cansancio o hambre, sólo esa sombría intuición de los sueños.

 

 

Un payaso triste salió a la arena para presentar el espectáculo. La grada rió sus ocurrencias, pero yo no pude escucharlas. Sólo le veía gesticular sin ganas y mover los pies desnudos en círculo.

El asiento junto al mío estaba vacío.

Una extraña multitud salió a la pista y desfiló con el payaso a la cabeza. Había acróbatas y gladiadores, un hombre bala voló suavemente sobre la grada con un gesto de dolor intenso y un ventrílocuo bajó las escaleras charlando con su disciplinado muñeco. Una pareja de trapecistas trataba de dar impulso a su columpio sin fuerza. Finalmente se dejaron caer derrotados sobre una gran tela de araña.

Los agujeros en la lona dejaban entrar una luz insoportable que buscaba las retinas.

Después de dar varias vueltas al recinto, los personajes fueron desapareciendo por un pasillo mullido con sus artilugios y olor a gasolina en la garganta y el público bajó la voz hasta desaparecer. En la pista central un foco empezó a moverse. Forcé la vista hasta descubrir un punto negro que se movía ágil.

De pronto me di cuenta de que se acercaba a la escalinata que llevaba a mi asiento y apreté los puños, incapaz de moverme.

 

Cuando he abierto los ojos he sentido un zumbido bajo los párpados. Me he levantado de la cama desorientada y he recorrido la casa. Estoy sola.

He preparado palomitas y me he sentado a leer las noticias en eldiario.es sin poder quitarme de la piel esa inquietud.

Todo sigue girando en torno al escenario de un agrio freak show en el que las pulgas saltan al ritmo del silbato de un maestro de ceremonias déspota y eventual con afán de protagonismo (ya había advertido que no mencionaré su nombre por temor a que se refleje al otro lado del espejo como un asesino sobrenatural de serie B). Mientras, González Pons sorprende al público más vulnerable con un número de escapismo muy fresco y el mago Capital hace desaparecer los billetes de los espectadores preferentes.

Además, los bufones Florianotti y Escuderi arrancan carcajadas con su aparatosa inocencia y fuera de la carpa se deleita a los presentes con un espectáculo de agua y fuego en una plaza encendida.

Y cuando empezaba a perder el eco de aquel sueño, he abierto un nuevo mensaje de David L. Apoderado.

 

Segunda Puerta

“Eres una persona desconcertante, Alejandro. Encajarás bien en DUD. David L. Apoderado”.

 

Un foco ilumina algo amenazador que se acerca a mi asiento para obligarme a participar en este espectáculo de pesadilla y recuerdo las palabras de advertencia y apoyo de Rosa y de Jesús.

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2 comentarios »

  1. Jesús María Moreno Solanas dice:

    Te lo dije. Por ahí hay algo sucio, que no es trigo limpio…
    Por cierto, Ana, el párrafo del sueño del circo, es de sicoanalisis puro:
    - ¿El circo representa a….la audiencia, el mundo?
    - ¿El payaso es….. la esencia, la sustancia?
    - Acróbatas y gladiadores… ¿hay juegos de palabras?, ¿quizás una pelea o una discusión?…
    - ¿El hombre bala… es algo dicho a mala uva?…
    - ¿El ventrílocuo… es decir algo desde dentro? ¿desde el corazón?…
    - Pareja de trapecistas… ¿es una pareja que se la está jugando?…
    - Caída en la tela de araña… ¿Fin de la relación?
    Cuantas cosas en un solo párrafo. ¡Pero me encanta!

  2. anagomez dice:

    ¿Es posible que los sueños fatiguen tanto como la oscuridad?

    Tienes razón Jesús, todo esto es parte de lo que lucha en mi inconsciente y en el inconsciente de muchas otras personas.

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