En el camino

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marzo 26, 2013 por anagomez

La primavera ha llegado sin querer molestar a diciembre. Han pasado tres meses desde que empecé a recorrer este camino y sigo sin saber dónde acaba. Todavía no he recibido un mensaje que me aclare si el número que mandé es el correcto y a veces creo que es mejor haberme equivocado, pero cada día me pregunto qué esconden esos personajes que sujetaban vasos llenos de vodka con dedos agrios en casa de mi jefe, qué esconde ese jefe que me considera “una polilla en mi armario” y consigue que me duela la boca del estómago.

Sigo siendo Ana, la común, la periodista sin bolígrafo, sigo estando acomplejada y me sigo aburriendo con el Hotel California en todas las emisoras de radio sin recursos. Sigo sin comprender qué pasa a mi alrededor cuando se cierra la noche fuera de casa. Puede que los porteros que buscan una clave cierren sus locales para ver las procesiones.

Todavía no he guardado el suéter que tejió mi abuela y tampoco me he despedido del gris. Sigo sin soportar el olor de la ropa húmeda debajo de toda esta lluvia y en mi cocina aún se respira el caldo de pollo.

Pero sigo en el camino y ahora sé con seguridad quién escribió las notas.

Y la primavera… al final llegará.

 

 

 

El sábado llegué tarde a trabajar. Después de cenar con Martín en Los Rotos, fui incapaz de dejar mi jarra de cerveza para volver a ese local castrado y cuando entré por la puerta la encargada colgaba mis abrigos. No pude evitar sonreír debajo de una montaña de ropa y perchas.

- Y no te olvides de darle esa carta al jefe-, me dijo mientras se marchaba cabalgando sobre sus tacones.

Ordené mi cuchitril y ofrecí un par de sonrisas antes de poder darme cuenta de que aquel sobre tenía una dedicatoria escrita con la misma letra que las notas que había recibido. Apenas pude reaccionar antes de que el dueño de la discoteca viese el papel y lo cogiese con violencia.

Había perdido todo ese color que tanto le había costado conseguir en una cabina de peluquería de barrio. Esa noche se encerró en su despacho con una botella de ron y no le volví a ver.

Tengo que recuperar el sobre. Tengo que conseguir entrar allí, porque no puedo olvidar esas palabras: “Siempre seré tu polilla… Alma”.

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2 comentarios »

  1. Rosa dice:

    Me encanta,espero que tardes en encontrar un final del camino…

  2. jesus maria moreno solanas dice:

    De acuerdo con Rosa. Y sobre todo, que Ana no pierda su ternura.

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