Difuminados

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febrero 5, 2013 por anagomez

El jueves pasó y dediqué el resto del fin de semana a investigar a mi jefe y a tratar de evitarle dentro de mi cárcel de abrigos, bufandas y bolsos.

- Déjalo estar-, me advirtió Martín por la noche-. Sólo ten cuidado. No me fio de él.

No conseguí sacarle ni un gesto más, pero no podía ni quería guardar ese enigma sin resolver, así que busqué su nombre en internet en cuanto llegué a casa.

Encontré fotografías en las que aparecía abrazado a la encargada de la discoteca, ella subida en unos patines rosas, él con su habitual vaquero oscuro encima de zapatos brillantes como el petróleo iraní. En otras se le veía con ejemplares de su misma especie poco evolucionada aunque satisfecha con el resultado.

Había otra imagen en la que posaba con traje de rayas diplomáticas encima de un ring de boxeo. Esta última ilustraba un reportaje sobre viejas glorias del deporte. En él hablaba de su infancia en un pueblo marinero y de sus esfuerzos para salir adelante en un mundo realmente competitivo. Llegó a conmoverme aquel chico que pudo haber sido.

También encontré una cuenta de Facebook y algunos artículos que lo relacionaban con eventos y con locales en Madrid, Castellón y Murcia. En una ocasión montó una carpa con un socio local para hacer una fiesta 24 horas y poco antes de que comenzase se habían echado atrás. Algunos asistentes les habían denunciado y estaban a la espera de juicio. Además estaba siendo investigado como parte insignificante de un apestoso caso de corrupción administrativa. Ni siquiera daba la impresión de que hubiese entendido en lo que se metía, aunque seguro que sí sabía con quién. La ternura se había desvanecido por completo.

Sin embargo, no parecía seriamente perjudicial para la salud, sólo desleal, simple y rastrero, un mendigo de los favores politiqueros más mediocres.

El domingo dormí unas cuantas horas y me fui al Rastro con Rita y Salva. Él ha leído el blog desde el 1 de enero y prácticamente todo lo que escribo desde la primera clase de Géneros Periodísticos. Una noche nos olvidamos de que somos amigos.

Sus hombros son rectangulares y cocina pan de azafrán siguiendo la receta de su abuela. Trabaja en el gabinete de prensa de una compañía aérea, pero no viaja tanto como pensó que haría cuando aceptó el trabajo.

El sol salió a mediodía y fuimos a la Plaza de San Andrés a guardarnos un poco para el resto del invierno, difuminados entre muchos otros. Me sentía decepcionada por no haber podido encontrar la clave del misterio, como ocurre en las películas de terror.

 

 Comic

 

Y allí estaba la clave. Salva leyó un artículo fechado tres años atrás en la pantalla de su móvil:

“Un hombre de 41 años con iniciales tal tal tal ha sido absuelto del cargo de homicidio en grado de tentativa después de que su víctima, un joven de 23, haya retirado la denuncia contra él y se haya negado a declarar en el juicio.

Los hechos sucedieron la noche del 21 de noviembre del pasado año en un garaje de la capital. Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran el enfrentamiento entre ambos, que se produjo ante más de 20 personas que no intervinieron. Sin embargo, la baja calidad de la grabación la ha invalidado como prueba. Tampoco se ha podido localizar a ninguno de los testigos de la paliza.

La decisión del jurado popular ha conmocionado a los familiares del chico, que apuntan que podría haber sido amenazado para obligarle a retirar la demanda…”

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1 comentario »

  1. [...] Seguimos difuminados, buscando pistas que se esconden detrás de los espejos unidireccionales. Seguimos haciendo planes con cervezas frías y papeles usados. Intentando encontrar una solución que no será amable. [...]

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